27/11/08

Soy de la U, Soy de la U... Soy de la U...



En casa de Santiago, Paúl aporreaba la garganta desde no sé cuándo con ese tribillo cansino que dejaba en el aire ciertas cosas, más de acá; sin embargo, yo recordaba cosas, otras, nostálgicas posiblemente.

La primera que vino —y como en retrospectiva— fue aquella, en casa de Pablito y junto a Javier vimos, los tres (cosa bastante graciosa por cierto), la final de la Copa Libertadores en Río. Nos abrazamos, fue interesante; uno de Liga, otro del Quito y el infaltable del Barcelona.

La otra que llegó, con el paso del tribillo y la memoria que buscaba en los rincones, fue esa época de los ’70, cuando ya estaba grandecito para ir al estadio, con mi hermano. Yo recuerdo esos campeonatos, los jugadores que tenían algunos equipos (más de los de la capital), los grandes partidos que se hacían con los europeos —ahí vería al BSC Hertha Berlin, al Grasshopper, otros de la Europa Oriental— y de Sudamérica. Recuerdo también a ese gran jugador, el mejor diría, de la Liga: Polo Carrera. Recuerdo la “U” roja en el corazón (solamente queda la canción hoy), y a otros grandes que acompañan al Polo en esta fotito: Chapulín Quiroga, De Carlos, Soussman, Carita Gómez, Pulpo Scalisse y el Negro Tapia.

Y ahora, —comentando y al mismo tiempo exponiendo mis recuerdos con los de Xavi— viene lo más cercano, casi el inicio mismo del pibe que pateaba en el potrero. Iba al Colegio Mejía (mítico) los domingos, jugaba con los cuidadores del club de tenis, venían algunos más y casi para armar el equipo, dirigir el picadito, caía con sus hijos el Dr. Bolívar León, fundador de la Liga. Me llamaba Carita Gómez, porque el jugador también se llamaba “juancarlos”. Más tarde iría a otros potreros, jugaría más rudo, por guita, a la mala, escupiría…

Cuando voy al estadio, cualquiera y de vez en cuando, para ver a Liga, nunca luzco la camiseta del equipo, no soy fanático; voy de azul (será cábala, quién sabe) y me vale lo que digan los demás, sean de Liga o del otro equipo, voy a mirar el fútbol, al equipo, a ver si emergen los recuerdos.

Yo pienso que eso está dentro y no hay una explicación. Que alguien te joda porque tu equipo no es campeón desde hace fuuuú (interjección Quitense que denota, digamos por ejemplo, mucho tiempo ó 40 años, si quieren) no significa nada; si es el último campeón de América, tampoco. Importante es lo que se conecta con ese objeto, una camiseta, un gol, un nombre, un lugar. Si para Xavi es el Quito su punto de intro/extro bien; para mí, posiblemente, sea la memoria del lugar que se imbrica con el objeto y se hace uno, como yo.

10/11/08

LOS QUE SE VAN -XX-

 



 
 
 
 
 
 
 
 

Y si nos referimos a miembros, vala pues, decir que algunos de estos fundadores ya levantaron el vuelo; si decimos físicamente, entonces ha de mencionarse a Paúl (Abdul) y Xavi (Negro, Chafo, Javier, etc.) Los que están todavía por estos lares (me remito al documento gráfico) también pretender ubicarse fuera del alcance diario, o simplemente, andan como ensimismados con sus actividades y demás.

Es decir, lla fue. Y me remito a los hechos: Los nominados pasean sus cuerpecitos por la América, y no nuestra, de Obama y los rascacielos de Chicago (espero no equivocarme en el dato geográfico; más bien, en las cercanías de esa ciudad, es decir, Perdeu University, Indiana); el otro, por oposición, recorre las aceras madrileñas en busca de algo, algo que no está ahí si se me permite puntualizar. De todos modos, los dos andan como escuderos sin Señor, amurallados en los recuerdos y sintiendo cada latido en cada paso por esos lugares, que al fin y al cabo, ya les pertenecerán de alguna manera a fuerza de traducir al lenguaje más pulsional: una calle, un recodo, una cara, un acento, un nombre, un sabor, un olor que se pierde entre los demás.

Después de la digresión , ya entramos en materia y podría decir, sin pecar de infidente, que los que aparecen en el papel fotográfico ―desde cuándo se dejó de utilizar aquel medio― también andamos de allá pa’ ca.

Los de acá, se incluye S.S., pues andamos así, entre estos y aquellos, entre pitos y timbales como ya se acostumbra por estas fechas donde la Innombrable cumple años (siglos más bien) y la Tauromaquia y los Oles llenan el clima fiestero de los diciembres españoles, españolísimos, que son de gran acogida (!) entre el vulgo y los patricios de este caos que llaman Distrito Metropolitano.

JP va de la universidad al puesto burócrata, lucha por sus derechos, puntualiza posiciones con su Gabi, sueña, comparte. Santi ha retornado al Alma Mater, se acopla, traduce, escribe, se estabiliza y toma decisiones. Pablito trabaja, se preocupa del Munch, cavila, conversa conmigo desde la calle, y yo en el balcón a dos pisos de distancia, le pica la idea de poseer un celular. Yo, S.S. imparto el conocimiento justo del lenguaje en una universidad, pienso, extraño, sueño y propongo un cambio, maldita sea!!, en todos nosotros para ver qué mismo. Solo lo propongo, no lo digo, sin embargo, está latente entre nosotros.

Entre el monótono repique de los bronces de las Chivas que cruzan flanqueando mi balcón, y los acordes de los tangos que se reproducen en mi grabadora, termino el último whiskey (Mc Gregor nomás, no había para un Johnnie) y me despido hasta la próxima; ya nos veremos las caras, ya mediremos los cambios, ya sabremos que ha cambiado entre nosotros, ya nos daremos el adiós definitivo entre copa y copa, no la rota claro, y dejaremos por fin de cuestionarnos el porqué de esta vida que nos ha llevado por caminos diferentes si antes éramos, indefectiblemente, uno como un puño que golpeaba sin compasión. Solo puedo citar: “Fumando espero...”.