16/9/08

UNA DE SCI-FIC

Era un viejo y maltrecho proyector, negro, abollado, cubierto de ese hollín térmico… tenía, y por qué no, todavía un film en el carrete… Se alegraron aquellos, esperaron a que fuese oscuro y proyectaron su descubrimiento sobre el fuselaje de la brillante y blanca nave—.
—Se sorprendieron de las imágenes que tenían ante sus ojos. Era una vieja película de...
—...de Mickey Mouse… Una película de Mickey, con el pato Donald, Goofy y el gato Carlo. Se sorprendieron de buena manera los extraños; abordaron la nave y comentaron: eran graciosos esos humanos, se veían graciosos y hablaban también, graciosamente. Minutos después, alguno diría: «pienso que hubiera sido en vano darles nuestras píldoras contra la tristeza…»—.
Lo escuché hasta el final; estaba aterido por el frío y no quise, no pude moverme hasta que lo vi perderse entre las ruinas. Me martillaban las últimas palabras. En mi refugio me dije —y traté de gritarlo, no pude— me dije entonces tan bajo como para solamente escucharlo yo: «en un día determinado en el año de 1928, permanecían ante sus obligaciones, a la izquierda la Luna, y a la derecha el Sol en el firmamento vasto, frente a frente. Se miraron y en ese momento, único y aterrador, olvidaron su quehacer durante partículas de segundo. Las consecuencias han sido terribles. Pido, con mis últimas fuerzas, ruego que esa día sea maldito para siempre…».

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