16/9/08

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INVIERNO
Una pausa antes de continuar; deseo agradecer a todas las personas que me felicitaron por el cumpleaños; especialmente a aquéllas que fueron un “pasito más allá”; me refiero a Pablo y Santiago que le pusieron un plus a la gracia de llamarme al celular: cantaron a dúo el happybirthday totalmente desafinado y fuera de tiempo. Y también a Juan Pablo y Paúl que me acolitaron con la mudanza, cada uno a su tiempo y a mi voluntad; mejor dicho, a la voluntad de dioses actuales, en este caso: Dinero y Conductor (transporte de mudanzas), no de pura estirpe griega —sin embargo creo que están emparentados, vagamente pero al fin, con Zeus y Mercurio— pero sí muy, muy occidentales.
Entonces, el invierno trajo algunas sorpresillas, las más, agradables, y otras, por así decirlo, fueron mejor que así fueran y punto. A saber: la graduación, por puntos y no por K.O. que inflingió Javier Cevallos a su antiguo y acérrimo adversario: la carrera universitaria que al final de los días se vio acompañada en su esquina por el Ala Negra, nome di battaglia, de los Opus (gracioso: el corrector de XP me da como una de las opciones “pus”, ¡qué mejor adjetivo para aquéllos!).
La agradable visita por la city porteña de un amigo: Paúl, que vino cargado de una mochila —fueron en realidad una mochila y una maleta que se la hice arrastrar por 7 u 8 calles desde Estación Retiro hasta su departamentito— llena de experiencias, de dolor positivo, de proyectos futuros, de puntos de vista mejorados y nuevos, en fin, de madurez, a la que yo cargué además de una botella de vino para que la disfrutase con sus progenitores allá en la ciudad innombrable.

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